El Que La Hace La Paga

Muchas personas hacen, dicen, actúan pensando que no habrán consecuencias. Hasta que empiezan a padecer las consecuencias de sus acciones, se percatan que nada sucede en la vida sin una causa. Es decir, todo efecto tiene una causa.

Los que ya tenemos años de vivir y además hemos padecido las consecuencias de nuestras acciones, actitudes y actividades, sabemos que la vida no es tan fácil como a veces parece. Hemos aprendido a convivir con los demás con más sabiduría y prudencia, respetando los derechos de los demás. Hemos aprendido que nuestros derechos terminan, donde inician los derechos de los demás. Esa es la clave para vivir en paz y disfrutar cada día sin que nadie nos persiga o nos busque hacer el mal.

¿Qué sería de nosotros si no fuésemos responsables de nuestros actos? Simplemente estaríamos buscando culpables, sin reconocer y aceptar nuestra participación en la situación molesta e incómoda que vivimos. Lo peor de todo es que indudablemente, lo volveremos a repetir, sin importar a quiénes dañemos o afectemos. Y en esta época en la cual se defienden más los derechos de los que van en contra de la moral, los principios, el respeto a los demás, la seguridad; es fácil recaer en las malas costumbres, o como otros les han llamado, las malas crianzas.

La solución está en que aceptemos nuestra responsabilidad y sus consecuencias, sean estas positivas o negativas. Está en que si deseamos irrespetar a los demás, nos preparemos para la reacción de los dañados y afectados, en lugar de ponernos a quejar cobardemente como si no hubiésemos hecho o dicho nada. Cuando la sociedad premia o defiende a los malos, la sociedad misma se pudre en la pérdida de sus valores y principios.

Hemos visto como se difama a alguien por los medios de comunicación y por la redes sociales. Escuchamos cuando los ofendidos prometen hacer demandas judiciales a sus detractores. Pero en eso se queda todo. Porque no hacen ninguna demanda judicial, mas que caer en el mismo juego, hablar y contraatacar al ofensor en los mismos medios de comunicación y redes sociales.

Por supuesto que no significa dejar de hacer o decir. No, significa que sepamos que cada vez que actuemos o hablemos, habrán reacciones. Significa no enojarnos con nuestros padres cuando nos llamen la atención e incluso nos castiguen. Significa no pelar contra la pareja cuando ésta nos reclame la falta cometida contra ella, porque de lo contrario la relación mas temprano que tarde, se terminará. Significa aceptemos la disciplina correctiva en la iglesia a la que asistimos cuando rompemos el orden de La Palabra de Dios. Significa reconocer el por qué nos despidieron del trabajo y cambiar para que no nos vuelan a despedir en otro. Significa leer o escuchar las críticas a nuestras palabras, hechos y actitudes sin caer en defensas absurdas y ridículas por el enojo que éstas nos causan. Significa no enojarnos con las autoridades cuando nos persigan y capturen. Significa prepararnos con una mente abierta al aprendizaje por las críticas y ataques que vendrán.

Es decir, significa que si la hacemos, estemos dispuestos y preparados a pagarla.

Dr. Francisco Gudiel

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *