Sociedad Desvalorizada

Si de algo estamos consientes sin importar nuestra fe religiosa, es la desvalorización de la sociedad actual que vivimos en el mundo. Desde maldad y violencia familiar hogareña, hasta las masacres multitudinarias de personas inocentes.  Al enterarnos nos ofenden y lastiman a aquellos que aún tenemos valores y principios, en los cuales creemos y vivimos.  Y nos preguntamos ¿Qué está pasando? ¿Tendrá solución alguna?

Sabemos de abuso y maltrato de niños, aún entre recién nacidos. Muerte de personas inocentes que no tenían nada que ver en el problema. Abuso de autoridad en todos los órdenes de la sociedad. Corrupción e impunidad en gobiernos legalmente constituidos, como también en la empresa privada, el deporte, la iglesia y ciudadanía común y corriente. Deterioro y destrucción de la familia. Cantidad de personas en vicios de alcohol, drogas, juego, sexo, etc. Tráfico de humanos y sus órganos. Tráfico y consumo de drogas como de armas. Evasión de impuestos. Robo y estafas por instituciones legalmente constituidas. Y muchas otras más ……..

Por supuesto que no exagero con lo anteriormente dicho. Basta con leer y escuchar las noticias mundiales. Hay partes de la tierra en las cuales las situaciones son mucho más dramáticas y trágicas. En otras viven menos violencia física, pero no por ello deja de existir violencia verbal o psicológica. En una palabra hay una preocupante situación mundial.

¿Qué causa esta situación? Considero una de las causas es los mal llamados “derechos humanos”. Porque sin dejar de luchar por impedir el abuso hacia otros, lo cual es loable; se ha caído en la defensa del delincuente, como también del que abiertamente vive “sus derechos” de vivir o escoger su estilo o forma de vida, ignorando que no vive sólo sino que está rodeado de otras personas. Se ha olvidado el ser humano que los derechos de uno, terminan en donde principian los de los demás. Esto es resultado de apartar a Dios de la vida del ser humano, lo que nos ha llevado a la ausencia de valores y principios, quedando únicamente el humanismo como guía moral y espiriritual.

Y ésta causa, la pérdida de valores y principios, es la que abre el camino al deterioro moral. La Biblia lo dice de esta manera en Isaías 5:20 ” ¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!”. Y esto va desde ser religioso fanático y absurdo, hasta la ausencia y carencia religiosa alguna. Los dos extremos como en todo, son malos. El fanatismo religioso lleva al ser humano a creer ciegamente en una institución religiosa y en sus líderes, sin importar como éstos se comporten y lo que practiquen, defendiéndoles y apoyándoles aunque hagan cosas incorrectas y pecados muchos de ellos comprobados públicamente. El otro extremo es no creer en nada ni en nadie, incluyendo a Dios, y esto por el resultado de experiencia religiosa propia o la que ha visto en otros seres humanos, por lo que ha llegado incluso a decir que Dios no existe.

El resultado del fanatismo religioso y la falta de creencia en Dios, está llevando a la sociedad a la pérdida de principios y valores.  Hace siglos las Cruzadas en medio oriente luchando por Jerusalén, como también la persecución que hizo la iglesia católica en la llamada Santa Inquisición para combatir a los que llamaban herejes por no seguir el catolicismo, son ejemplo de lo que la iglesia ha practicado en el pasado. Hoy día son otras corrientes religiosas mezcladas con la política que están haciendo de este mundo, un lugar peligroso para vivir, en el cual a diario mueren personas inocentes. Pero también tanta vida inmoral e hipócrita de sacerdotes católicos como pastores evangélicos, está matando la fe en las personas, quienes han dejado de creer en Dios por lo que ven hacer a los llamados “hombres y mujeres de Dios”. Por supuesto no razonan bien, porque quien les ha fallado son los líderes religiosos, no Dios. Ha fallado la iglesia, no Dios.

Creo es tiempo de volverse a Dios de corazón. No al Dios de las religiones. No al Dios de los fanáticos que creen tener ellos la única razón. Sino al Dios verdadero tal como lo muestra La Biblia la palabra de Dios. Allí está el verdadero Dios lleno de amor y justicia hacia la humanidad, exigiendo de ella lo mismo hacia ella misma. Si practicamos una religión, o como muchos dicen “vamos a una iglesia”, examinemos sus creencias y prácticas si se ajustan a lo que La Biblia enseña. Si no es así, salgamos corriendo de allí, salvando nuestras vidas y la de nuestras familias. La Biblia es nuestra norma máxima de fe (creencias) y conducta (prácticas), y es ella la que nos gobierna, no ningún hombre ni organización que la predique.

Dr. Francisco Gudiel

 

 

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