¿Hay Arrepentimiento?

El evangelio de Jesús es la revelación de amor y misericordia de Dios hacia la humanidad. Y su deseo es alcanzar dicha humanidad para que conozca de El y el plan de vida que tiene para ella. Dos razones básicas hay para la existencia de la iglesia, entendiendo como iglesia las personas y no los edificios. La primera razón es adorar a Dios y crecer en el conocimiento de su voluntad. La segunda razón es llevar ese conocimientos a otras personas que por una razón u otra aun no lo tienen, con el propósito que se arrepientan de sus pecados.

La primera razón la mayoría de las iglesias la cumplen. La segunda algunas lo llevan a cabo. Usted dirá las iglesias grandes lo cumplen. Pero lamentablemente no siempre es así. Porque muchas iglesias “grandes” crecen a base del traspaso de personas ya convertidas y miembros en otras iglesias, a esas iglesias grandes. Lo hacen hablando mal de las demás iglesias, y hablando bien de su iglesia. A eso se le llama pescar en pecera.

Basta con que usted vaya a esas iglesias “grandes” para comprobarlo. Encontrará que la mayoría de personas allí las conoció antes en otras congregaciones a las cuales asistieron.

Pescar en pecera porque están siendo pescadores de hombres en iglesias. La cuales son pequeñas en relación al mundo entero que aun vive sin Dios, sin Cristo, sin esperanza y sin ciudadanía celestial. El mundo es el mar a donde hay que ir a pescar las almas, no a las iglesias donde ya son convertidos a Cristo y al evangelio, es decir, ya son personas salvas de la condenación eterna. En lugar de inquietar y sacar a los que ya están congregados, deberían buscar al perdido que si hoy muriera iría a la condenación eterna. Esa es la real y verdadera obra sobrenatural de la iglesia.

Marcos 1:17 Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres.  Es el llamado de Jesús, quien muestra en este llamado su propósito de vida para vida hacia la humanidad. El evangelio es el medio y el proceso por medio del cual Dios busca, halla y salva a los perdidos en sus pecados. No es la religión manifestada en una organización hacia dónde hay que dirigir a las personas perdidas. No es el líder principal y carismático hacia a quien hay que dirigir a las personas en vicios y prácticas que les dañan y destruyen a ellos y a quienes les rodean. Es hacia Jesús el salvador del mundo, ya que fue Jesús quien murió por ellos en la cruz y sólo El puede salvarles de la condenación eterna.  Pero lamentablemente el evangelio que hoy se predica es MI iglesia, MI cobertura, MI pastor, MI doctrina, MIS sobrenaturalidades, etc. Basta con leer y ver lo que publican los “ministerios” en sus redes sociales y páginas web. Pareciera que el dios de muchos líderes cristianos es la megalomanía. La megalomanía es una condición psicopatológica caracterizada por fantasías delirantes de poder, relevancia, omnipotencia y por una henchida autoestima. Su propósito es llevar a ellos mismos a las personas, quienes al escucharles hablar y verles actuar también, se han convertido también en megalómanos como sus líderes.

El problema es el resultado que se tiene hoy de la “iglesia cristiana”. La calidad de vida personal, matrimonial, familiar, social, profesional, empresarial, financiera que practican los cristianos hoy día. Muchas personas hoy día acuden a la iglesia a pasar un “buen” momento, a que les “profeticen” bonitas palabras de éxito. Incluso lloran, gimen e imploran por remordimiento mas que por arrepentimiento.  Buscan que oren por ellos los “siervos” de Dios, siendo más importante quién ore por ellos que cambiar sus vidas para agradar a Jesús que murió por ellos en su lugar.

Hay muchos “cristianos” que viven vidas dobles. Es decir, una cosa son en la iglesia a la cual asisten e incluso ejercen un ministerio, y otra es la vida que viven fuera de la iglesia. Las horas de “santidad” en la iglesia son las menos que viven, siendo más las horas de pecado que viven en su vida diaria y personal. Muchos cumplen exactamente la sentencia bíblica de 1 Corintios  5:9-11 ” Os he escrito por carta, que no os juntéis con los fornicarios;  no absolutamente con los fornicarios de este mundo, o con los avaros, o con los ladrones, o con los idólatras; pues en tal caso os sería necesario salir del mundo. Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis.”

Hemos conocido personas que viviendo una vida de pecado, ejercen sus “ministerios” en la iglesia en la cual se congregan. ¿Cómo se ha llegado a semejante situación? Porque a la iglesia le interesa mucho más hoy día, la cantidad de personas antes que la calidad de las mismas. El peligro está en que podemos tener congregaciones grandes y llenas sus sillas con personas que van a calmar su conciencia a la reuniones, pero que no se arrepienten. No hay arrepentimiento porque siguen practicando a escondidas, sus costumbres y tradiciones las cuales Dios desaprueba en La Biblia, Su palabra. Hoy es mucho más importante lo que dice el famoso y grande aunque sea una tontería lo que diga y enseñe, que lo que dice Dios en Su palabra La Biblia.

Nos estamos olvidando que el propósito de la iglesia es buscar que el inconverso se arrepienta. Arrepentimiento no es llorar o temblar en una reunión llena de la presencia de Dios. Arrepentimiento: Es mucho más que limitarse a reconocer que se ha obrado mal; es un cambio en la manera de pensar y en el corazón a una nueva perspectiva de Dios, de uno mismo y del mundo; implica apartarse del pecado y volverse a Dios en busca del perdón.

Apóstoles, profeta, evangelistas, pastores y maestros que ejercemos el ministerio en nuestras congregaciones, pidamos perdón a Dios por nuestra megalomanía y empecemos por volvernos nosotros mismo a Dios para empezar, y luego cuando hayamos vuelto a Jesús llevar a la gente a Sus pies. ¡Jesús fue quien murió por las personas a las cuales ministramos! Recordemos que en el diluvio se salvaron únicamente 8, y que cuando cayó fuego sobre Sodoma y Gomorra se salvaron 3 de los 4 que iban hacia Zoar.

Dr. Francisco Gudiel

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