La Política Y La Iglesia

No es censurable que las personas busquen acceder al poder en sus países con el sano propósito de solventar las crisis sociales que se viven hoy día en las naciones. Todo ciudadano tiene el derecho y la libertad de hacerlo, siempre y cuando cumpla con los requisitos mínimos para ello. Aunque lamentablemente en muchos casos alrededor del mundo, los políticos que se tienen carecen totalmente de esos requisitos, que son tanto capacidades  intelectuales como morales.

Lo que si no es aceptable es que la iglesia como institución y organización se mezcle en asuntos políticos y gubernamentales. Salvo por supuesto para apoyar lo correcto y censurar lo incorrecto, para lo cual necesita estar lejos de la política y así poder hacerlo con libertad y claridad, con objetividad y con neutralidad. Debe apoyar proyectos y no personas. Pudiendo censurarlos también, aunque no a personas. Entendiendo que el testimonio que se tenga de una persona ayuda a identificarse con el proyecto en cuestión.

Por supuesto que los cristianos pueden buscar acceder a un puesto público. Fuera lo ideal que no perdieran ni comprometieran sus valores y principios, al venderse y entregarse ciegamente a una ideología y liderazgo partidista. Políticos con valores y principios cristianos en las esferas de gobierno, podría ser la garantía de la eliminación de la corrupción y por lo mismo el alcance de la justicia y equidad social.

La falta de paz social es porque cada partido busca lograr sus objetivos ideológicos, sin importar realmente la ciudadanía. Aunque siempre ponen como punto de referencia para convencer a los ciudadanos, el bienestar de los mismos. Pero que en la práctica sólo se ve las prosperidad de los políticos y el de sus partidos. Careciendo la ciudadanía del beneficio de tantas leyes aprobadas, pero que no se practican ni se cumplen.

Y aquí es donde la iglesia puede ser útil. Al no apoyar lo injusto. Al rechazar lo malicioso y mentiroso. A denunciar el delito sin importar quien lo haya cometido. A animar a sus miembros capaces en intelectualidad y moralidad, a que busquen alcanzar esos puestos públicos. Pero jamás buscando en absoluto, reclamar con el tiempo algún beneficio económico o de poder. Porque allí es donde la iglesia se ha perdido en el vacío dejando de ser el instrumento de Dios para la salvación y rectitud de la sociedad.

Lo que la iglesia no debe ni puede es abrir sus púlpitos a políticos, sean estos de derecha o de izquierda. Tampoco a las nuevas corrientes políticas nacientes. Es decir a nadie. Porque al hacerlo compromete su imparcialidad y su mensaje; inclina la balanza al lado del invitado al púlpito. Y aunque los pastores y miembros cada quien tengan su inclinación ideológica personal, deben respetar el lugar de promoción del evangelio para dejarlo así como es, sin la contaminación del mismo. La corrupción no debería entrar a la iglesia como organización e institución. La iglesia debe ser imparcial en la política.

Además es aceptable y se reconoce que cada miembro de la iglesia, tiene su propia simpatía e inclinación ideológica política. Pero que la tenga es una cosa tan distinta, a que la lleve a la congregación. La iglesia es una organización e institución apolítica. Incluso los siervos-líderes de cada congregación, deben evitar desde el púlpito buscar cambiar la mentalidad de sus oyentes en cuestiones políticas. Porque el papel de la iglesia es buscar y salvar al perdido en sus pecados. Y al salvarlo, hacerlo crecer en santidad para que sea alguien fructífero en todo aspecto.

La clave está en no dejarse engañar y caer en las trampas. Por ejemplo no aceptar en absoluto dinero, materiales, prebendas y favores de un partido político y sus representantes. Por ejemplo no aceptar Biblias que llegan a regalar los políticos en tiempos de campaña pre electoral, porque lo que buscan crear simpatía y aceptación para alcanzar el voto en el momento de la elección. Recordemos que en campaña pre electoral, los políticos en la contienda, buscan votos de la ciudadanía, y llenan el ambiente de propaganda, pero sobre todo de eventos temporales como eventos deportivos, reparación de calles y avenidas, construcción y reparación de edificaciones, campañas médicas, ropa para el frío, etc. Pero que al terminar lo pre electoral, desaparecen y nunca más vuelven a aparecer. Es decir, la iglesia no puede aceptar ni caer en semejante estrategia electoral.

Ejerzamos nuestro voto según nuestra convicción e ideología, pero no inmiscuyamos a la iglesia. ¡Dejémosla afuera, sana, libre, imparcial y con capacidad de aportar y corregir!

Dr. Francisco Gudiel

 

 

 

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