Segura Inseguridad

¿Cómo ve el mundo en el cual hoy vivimos? A pesar de lo que los gobiernos alrededor de la tierra dicen, la realidad es que no existe parte alguna en la cual haya una plena y total seguridad. Los atentados terroristas en ciudades importantes nos lo muestra con toda la realidad que se vive.

Aparte de esa realidad de terrorismo mundial, existe además la inseguridad local de las ciudades donde vivimos con nuestras familias. Asaltos que quitan la paz y tranquilidad, los robos que afectan el patrimonio de las personas. Y que de las violaciones, amenazas de muerte y los asesinatos en sí.

Es decir, la situación de  una manera u otra, es alarmante y preocupa la escalada que está alcanzando. Otro problema es  la desaparición de personas que salen de un lugar a otro, y en el transcurso de ese camino, desaparecen. Algunos jamás aparecen, y otros sí aparecen, pero muertos, lo que para sus familias como ellos mismos lo dicen, “es un alivio porque por lo menos saben de sus seres queridos y los entierran”. Basta con enterarse por las noticias para comprobar que esto es una dura verdad viviente.

También la inseguridad vial, por el descuido, distracción y embotamiento mental y físico por el licor o las drogas. En esa clase de accidentes, mueren muchas personas inocentes, es decir, que nada tienen que ver con el que provoca el mortal suceso. Esa es otra inseguridad de la cual cualquiera puede ser víctima, yendo a parar al hospital o en el peor de los casos al cementerio.

¿Y qué hacen los gobiernos? Algunos mucho han avanzado en este tema, aunque sin los resultados deseados. Otros muy poco. Muchos nada. ¿El resultado final para nosotros los ciudadanos comunes y corrientes? Ninguno mas que lamentar lo que se vive día a día.

Cabe preguntarnos aquí ¿Cómo llegamos a semejante situación? Porque que yo recuerde mucho años atrás, el tiempo de mi juventud no era así. Habían sí situaciones delictivas y muertes, pero esporádicas. Era raro. De muchachos salíamos a la calle a jugar pelota, canicas, trompos, y otras clases de juegos grupales. Nadie nos amenazaba. Nadie nos violentaba. Nadie nos robaba. Y si alguien cometía un delito contra uno, era denunciado, capturado, enjuiciado y juzgado. Pero hoy, eso es imposible. ¿Qué pasó? Yo tengo mi concepción de la raíz del problema. Los mal llamados derechos humanos.

Los derechos humanos son “el reconocimiento de la dignidad inalienable de los seres humanos”. Libre de discriminación, desigualdad o distinciones de cualquier índole, la dignidad humana es universal, igual e inalienable. Fue en la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1948, que se adoptó la Declaración Universal de Derechos Humanos.

El problema está en la gran diferencia práctica de aquella declaración a la aplicación de la misma en nuestros nefastos días. Porque por ahora se ha llegado al extremo de favorecer más al delincuente que al ciudadano común y corriente, que a la vez es sano y correcto en su manera de pensar y actuar. Pareciera que el delincuente, secuestrador, asesino, pandillero, ladrón, narcotraficante, etc. tiene mucho más derechos que las personas correctas. Incluso si un policía usa su arma en defensa de la ciudadanía o de él mismo, es juzgado como si fuera el delincuente, lo cual le resta libertad e independencia al actuar. Complicado tiempo que dieron lugar los derechos humanos.

Por supuesto que no es malo, negativo o contrario a la humanidad misma los derechos humanos. Porque en el pasado muchos gobiernos, policía y ejército abusaron de su autoridad. Se fueron a los extremos hasta de cometer graves injusticias, crímenes, vejámenes con las personas. Sí era necesario el reconocimiento de los derechos de la humanidad. Pero no al extremo en que ahora el delincuente hace de las suyas, se apodera de territorios como si ellos fueran los gobernantes, incluyendo asesinatos de aquellos que no les obedecen. ¿Y qué hacen la policía, ejército y jueces? Nada porque están amarrados por la declaraciones de países que han suscrito acuerdos con estos derechos humanos. Hay países cooperantes que exigen a cambio de dar los millones en cooperación, que los países favorecidos se suscriban a dichos acuerdos para que los cumplan, so pena de quitar la cooperación si no lo hacen. Grave situación para muchos gobiernos.

¿Y que podemos agregar acerca del cambio climático? Sin dejar por un lado por supuesto, el problema del agua potable al grado de haber escasez de ella. Lo que viene es alarmante. Y la raza humana con sus raras excepciones no está haciendo lo debido y justo para evitar el desastre anunciado, y que por sí ya estamos viendo aunque en una escala menor a la que los conocedores han predicho.

Escribí unas líneas arriba: Los mal llamados derechos humanos. Porque en ninguna manera negamos el abuso del pasado sobre muchos pueblos, y ademas que todos los que nacimos en esta tierra tenemos derechos que nos deben respetar siempre hasta el día de nuestra muerte. Pero sí, mal llamados derechos humanos. Porque sólo se protege al malo y no se protege al bueno.

Si siguiéramos el consejo de Dios a través de Su palabra, La Biblia, mucho de esto se solucionaría. Sabríamos vivir en sociedad. Sabríamos aplicar justicia equitativamente. Y este mundo sería lo que todos deseamos sea: Un lugar seguro para vivir con nuestros hijos y nietos.

“Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.
De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos.
Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo.
Por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia.
Pues por esto pagáis también los tributos, porque son servidores de Dios que atienden continuamente a esto mismo.
Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra.”

Romanos 13:1-7

Apóstol Dr. Francisco Gudiel

 

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