Unánimes Juntos ¿Posible?

Es difícil y complicado ponerse totalmente de acuerdo en muchas cosas de la vida diaria. Eso es normal y natural entre seres humanos. Ya que tenemos diferentes gustos y puntos de vista. Y ello porque procedemos de diferentes contextos sociales, económicos e intelectuales. Además tenemos diferentes carácter y criterio, según haya sido nuestra total experiencia pasada.

Cada persona somos un mundo diferente. Aún entre una misma familia, cada quien es y vive su propio mundo, con aspectos compartidos por convivir juntos en una misma casa. Lo mismo sucede en la empresa, el centro de estudios, el deporte, la política, la religión, etc. Difícil y complicado sí, pero no imposible que podamos convivir juntos. ¿Pero cómo se puede hacer eso?

Un principio a tomar en cuenta como inicio de nuestro esfuerzo, será saber que aunque cada quien es un mundo en sí mismo, no por ello somos islas apartadas entre sí. Nadie por más que se lo proponga, podría subsistir apartado totalmente de el resto de seres humanos que le rodean, y los cuales incluso podrían estar formando parte de su entorno social. ¡No somos islas!

Entonces llego a comprender que no vivo sólo para mí. Necesito de otros en mi vida para poder llegar a ser, a tener y a estar. Lo que significa que me es necesario e imperativo, tomar en cuenta a otras personas como parte de mi vida. Por supuesto no hablo de depender de otros, al grado de anular mi voluntad. No es tampoco que tengo que tomar siempre en cuenta a todos y cada uno de los demás.

En las personas están las que son parte clave y determinante para mí. Están también las que no lo son, sino mas bien, contribuyen en mi desarrollo y crecimiento, pero puedo prescindir de ellas sin que por ello me detenga en el propósito de Dios para mi vida y ministerio.

La Biblia la palabra escrita de Dios me dice cómo lograrlo.  «Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.»
Filipenses 2:3‭-‬4

El primer principio es entender que nada debe hacerse o decirse, por contener o presumir. Y eso es posible lograrlo, cuando consideramos que podemos aprender de los demás. Cada día se aprende algo nuevo. No somos sabelotodo.

El segundo principio es estar dispuestos a buscar el bien común,  estando nosotros por supuesto, siendo parte de ese bien común. No se trata de ser mártires,  se trata de aprender y crecer junto a otros.

¿Fácil? No. Porque tenemos prejuicios y patrones de conducta muy arraigados. Vienen de casa de nuestras familias. Paradigmas que incluso los vivimos con orgullo y defendemos fieramente.

Difícil sí, pero no imposible. Si hacemos como Dios nos lo pide hacer, es realmente posible lograrlo. Así que sin dudarlo, hagámoslo y construyamos una mejor familia, una sociedad más justa, un país más próspero.

Recuérdelo y no lo olvide: ¡Juntos somos más fuertes y logramos todo mucho más rápido y con los resultados que buscamos!

Apóstol Francisco Gudiel

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